Rubén Tala

Aclaraciones conceptuales

  1. El imperialismo es un concepto que puede tener dos significados. El primero, el de una fase de desarrollo del capitalismo, donde hace su aparición histórica el capital financiero, fusión entre el capital industrial y el capital bancario una vez alcanzado cierto nivel de concentración y centralización del capital en carteles y trusts. El segundo significado se relaciona con el comportamiento de las potencias en su política exterior, pasando por encima de la soberanía de otros países en beneficio de sus intereses económicos o geopolíticos. La obra de cabecera para la teoría del imperialismo en la izquierda es el libro “El imperialismo, fase superior del capitalismo” escrito por Lenin hace más de un siglo. En el discurso de la izquierda el término “imperialismo” se utiliza de manera ambigua, a veces refiriéndose a su primer significado y otras veces al segundo.
  1. El Estado es una relación social donde el poder político se autonomiza de la comunidad y es monopolizado por una minoría dominante. También se define como Estado al aparato burocrático-armado mediante el cual se ejerce la dominación política sobre un territorio. Esta ambigüedad del concepto Estado se relaciona con la ambigüedad del concepto imperialismo. Es la genial intuición de Bakunin “todo Estado es imperialista en la medida de sus fuerzas”.
  1. El nacionalismo moderno mantiene que cada nación debe tener su propio Estado, y que las fronteras del Estado deben coincidir con las del territorio donde vive dicho pueblo. El nacionalismo como doctrina pone a la propia nación y sus objetivos por encima de las demás naciones del mundo. Por ello el nacionalismo puede ser un combustible político-cultural para las guerras y las luchas por la hegemonía geopolítica.

Los problemas del anti-imperialismo

  1. El anti-imperialismo toma al imperialismo en su segundo término, como la política exterior de las potencias. El anti-imperialismo se presenta como una reacción nacionalista en aquellos países que ven su soberanía mancillada por potencias imperialistas. Desde este anti-imperialismo nacionalista, la oposición no es al imperialismo en sí, es al imperialismo de los otros.
  1. En la ideología anti-imperialista, la política exterior de las potencias es vista como determinada por las ambiciones imperiales de sus gobiernos o élites. En la concepción conspiracionista de la historia que resulta, las decisiones de “los centros de poder” determinan la totalidad de la economía y la política. El marxismo tiene otra propuesta, basada en su examen científico de las regularidades del movimiento de la sociedad capitalista¹. El sistema capitalista tiene dinámicas que son propias y sobre las cuales los gobiernos solo tienen un poder de maniobra superestructural (de retrasarlas o acelerarlas, nunca de impedirlas o crearlas). Para el anti-imperialismo es posible afirmar que son las potencias o “los monopolios” quienes determinan los precios de ciertas mercancías para lograr ciertos objetivos geopolíticos. El marxismo afirma que los precios de las mercancías se forman, principalmente, mediante la ley del valor. Para la ideología anti-imperialista (que puede ser también de derecha), el mundo está dominado por ciertos “grupos de poder”. Para el marxismo, está dominado por la dinámica del capital cuyo agente es una clase social concreta y sociológicamente medible: la burguesía. El anti-imperialismo de izquierda puede adoptar la jerga marxista e incorporar, superficialmente, algo del análisis de clase. Pero en su núcleo es una visión conspiracionista de la sociedad y de la historia, totalmente ajena a la comprensión marxista (histórico-material) de la sociedad capitalista, su economía y su política.
  1. La lucha por el socialismo se orienta hacia la abolición del Estado y la igualdad social entre los seres humanos suprimiendo las clases sociales; la lucha anti-imperialista se orienta hacia la igualdad entre los Estados, manteniendo la sociedad de clases. Algunes anti-imperialistas de izquierda dirán que la lucha anti-imperialista y la lucha socialista pueden relacionarse “dialécticamente”. Pero lo que hemos visto suceder nunca fue lo que los esquemas “ingeniosos” y “sutiles” de relación “dialéctica” prometieron². En los hechos, aliarse a la burguesía nacional, militares nacionalistas, o líderes carismáticos siempre ha sido subordinarse políticamente e ideológicamente, postergar el objetivo del socialismo hasta después de la “independencia nacional”, “la derrota de la oligarquía” o algún otro objetivo ajeno —y ni siquiera preparatorio— al socialismo.
  1. La ideología anti-imperialista muestra la política exterior imperialista como un bloque siempre homogéneo, haciendo abstracción de los conflictos internos en cada país. Al hacer abstracción de la dominación estatal de una élite capitalista, la ideología anti-imperialista incluye a las clases trabajadoras de las potencias como “cómplices” de la misma. Parece que la lucha de clases no existe dentro de las potencias, y por lo tanto el internacionalismo no se aplica hacia el proletariado de esos países.
  1. La ideología anti-imperialista, al sustituir la lucha de clases o mezclarla con la lucha entre Estados imperialistas y naciones oprimidas, ha creado mitos como el de una oligarquía siempre aliada o servil al imperialismo, el de una burguesía industrial que por interés propio debe ser “nacional”, y el de la progresividad intrínseca de todo movimiento nacionalista en un país atrasado. Pero recurriendo a la historia en vez de a la ideología, veremos que a veces los procesos de modernización e industrialización de las naciones han sido promovidos por movimientos independentistas que tuvieron que luchar contra la alianza de las clases dominantes pre-capitalistas con ciertas potencias, pero otras veces —y esto es una herejía para los anti-imperialistas— ha sido el mismo imperialismo en su primer significado (fase del capitalismo) el que ha impulsado la modernización de naciones atrasadas mediante la exportación de capitales y la destrucción de los antiguos sistemas políticos con sus restricciones al desarrollo económico y al desarrollo de una sociedad civil moderna. Desde un punto de vista marxista, caracterizar al imperialismo siempre como reaccionario es falso, caracterizar a todo nacionalismo como siempre progresivo también es falso.
  1. No hay nada más parecido al nacionalismo de derecha que el nacionalismo de izquierda. Mientras el nacionalismo de derecha es abiertamente anti-socialista, el nacionalismo de izquierda termina siendo socialista en la retórica (hacia adentro, para no alborotar a “los aliados estratégicos”) y anti-socialista en los hechos, pues propone una subordinación de la lucha por el socialismo a la lucha contra el imperialismo. Esto es lo que explica el apoyo por izquierda que han tenido y tienen regímenes reaccionarios (anti-obreros, anti-democráticos, misóginos, incluso teocráticos) por el solo hecho de haber estado o estar circunstancialmente enfrentados al imperialismo occidental. También explica que cierta izquierda hable más de “saqueo” que de explotación, que ponga el foco en la megaminería transnacional llevándose “nuestros” minerales cuando diariamente la burguesía de cualquier nacionalidad extrae “nuestra” plusvalía.
  1. El anti-imperialismo solo ha jugado y puede jugar un papel progresivo como elemento de un movimiento de liberación nacional en países donde el imperialismo es el principal obstáculo al desarrollo industrial y a la consiguiente creación de una sociedad civil moderna junto con sus instituciones. O sea, en países que necesiten una revolución burguesa. Pero en los países donde ya existe una sociedad civil moderna, con su burguesía y su proletariado como clases principales, el anti-imperialismo sólo puede jugar un papel reaccionario, al promover el nacionalismo por encima del internacionalismo y el “frente nacional” por encima de la independencia política del proletariado y la lucha por el socialismo³.

Superar el anti-imperialismo, actualizar el internacionalismo

  1. El proceso de descolonización y de expansión del capitalismo desde la segunda mitad del siglo XX ha reducido notablemente las posibilidades de aplicación progresiva del anti-imperialismo. Si el anti-imperialismo ya se tornaba conservador y reaccionario a medida que terminaba el siglo XX, lo es mucho más en el capitalismo transnacional del siglo XXI, donde todas las economías nacionales, incluso la de potencias como EEUU, dependen cada vez más de una economía global que toma al mundo entero como espacio de acumulación. El nacionalismo económico no solo se contrapone al socialismo, sino que significa añorar una fase ya superada del capitalismo. El nacionalismo político significa la nostalgia por una época donde el Estado era el principal capitalista, y se sostiene en la ilusión estatista de que la voluntad de los gobernantes está por encima de las leyes objetivas del desarrollo de la sociedad.
  1. El capitalismo tiende a hacer del mundo una unidad económica y social. Este proceso no es inocuo, es dirigido por y para la reproducción del sistema capitalista, y es en parte moldeado por las élites que tienen la suficiente capacidad superestructural para adecuar este proceso de homogeneización a sus intereses. Pero conforme el capitalismo permea cada aspecto de la vida en cada rincón del mundo, la tarea histórica que se le plantea a los pueblos es un cambio de civilización a nivel mundial, no un retorno al autarquismo nacional.
  1. El imperialismo utiliza el racismo para que proletarixs de un país, como parte de un ejército invasor y/o de ocupación, no vean como humanos a los habitantes de aquellos países. Recordemos: todo Estado es imperialista en la medida de sus fuerzas. Dentro de cada país, también se encuentra un grupo discriminado de manera generalmente racista (afrodescendientes, pueblos originarios) con el cual el Estado se ensaña con complicidad de parte de la población proletaria. El racismo es posible debido al etnocentrismo: la existencia de un “nosotros” acotado desde el cual se ve a todo “otro” como posible amenaza o competencia, con menor humanidad.
  1. Hoy más que nunca, la crítica revolucionaria del imperialismo requiere verlo en su relación necesaria con el sistema capitalista, el Estado/nación, y el nacionalismo. El imperialismo no sólo es un instrumento de dominación sino un obstáculo a una civilización global basada en la comunidad de la especie humana (en vez de comunidades étnico-nacionales). El anti-imperialismo es insuficiente como instrumento de combate para crear esta nueva civilización, pues significa oponerse al dominio de una o algunas potencias y no al dominio del Estado/nación en sí.
  1.  Necesitamos un internacionalismo actualizado, basado en un humanismo post-etnocéntrico, pasando del “nosotros-grupo” al “todos nosotros”. A la práctica del internacionalismo proletario, debe sumársele la del inter-culturalismo en el mismo país. A la crítica del nacionalismo, debe sumársele la crítica del etnocentrismo. Apelar al nacionalismo, incluso a un nacionalismo de izquierda, significa reproducir la división y enfrentamiento entre los pueblos, a expensa de la lucha contra quienes nos explotan y oprimen a todos los pueblos. Desde la última parte del siglo XX, el imperialismo de las potencias dio paso al imperialismo del capital. Lo que hay que descolonizar ya no son “nuestros países”, sino nuestras vidas.

Notas:

¹ Que Marx expresó en su obra El Capital como ley del valor, ley de la acumulación capitalista, ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia.

² Todos estos esquemas “brillantes” de “alianza estratégica” son bienvenidos para la burguesía, una clase dominante y dirigente con siglos de experiencia y muchísima más astucia política que los “revolucionarios profesionales”. La expectativa de estos últimos de utilizar a la burguesía para que esta, inadvertidamente, prepare el camino para la toma del poder del proletariado, sería enternecedora sino fuera por los litros de sangre proletaria que costó.

³ Por decir un ejemplo reciente, el independentismo catalán. Más allá del repudio al centralismo españolista, ¿qué tiene de positivo para el proletariado crear Estados más pequeños que además serán más caros de mantener? Los derechos englobados en la fórmula “autodeterminación de los pueblos” sólo pueden ser realizados en nuevo arreglo social más pluralista, no más exclusivista.

4 comentarios sobre “El anti-imperialismo y su carácter reaccionario

  1. Muy bueno el articulo, me vino bien para repasar algunas categorías de la economía política -en diciembre tengo que dar el final- y me hace reflexionar en que difícil hacer entender al para “el hombre de pie” la importancia de formarse y comprender el momento historio que nos toca vivir…Hay esperanza.je
    Saludos, Maritn Lambrechts

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  2. Ciertamente el anti-imperialismo es reaccionario. Como el nacionalismo. Sin embargo no se trata, a mi entender, de una mera ilusión. Siguiendo la lógica del artículo, acertada a mi entender, si el capitalismo tiene dinámicas que son propias, el nacionalismo tiene que poder explicarse desde estas dinámicas intrínsecas. En tal caso sería más que una ilusión: una forma de pensarse en el mundo como parte de una comunidad real –una comunidad horrible, pero real. Para poner un ejemplo y solo porque tengo datos, cerca de 25 millones de veteranos de guerra en los Estados Unidos –alrededor de 1/8 de la población adulta- y un millón y medio de personal militar activo deben de haber tenido muy reales razones para contribuir con su país y en algunos casos directamente ir a asesinar gente a otras partes del mundo. La defensa de un elevado estándar de vida, mucho más alto que en la mayoría del planeta, es una razón bastante real. Eso explicaría por ejemplo el descenso a casi cero de la lucha de clases en aquel país –y en todos los demás países desarrollados también- como lo atestiguan las estadísticas de huelgas. No tiene sentido llamarlos “cómplices”, con toda la connotación moralista de esa palabra. Solo defienden sus intereses, que para el caso coinciden con los de los capitalistas de sus países. Y como correctamente se dice en el artículo, esto es así en todas partes, en la medida de las posibilidades de cada estado para posicionarse en el escenario mundial de lucha por apropiarse de una mayor tajada de plusvalía.
    Buen artículo. Saludos.

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